Desde hace más de tres décadas, Fonda Laura es sinónimo de perseverancia, tradición y comunidad en la ciudad de Colón. Fundada por Laura Planei, una mujer oriunda de Bocas del Toro que llegó a esta ciudad a finales de los años 80 en busca de mejores oportunidades para sus hijos, esta fonda nació de la necesidad, pero también del amor por la cocina y el deseo de construir un futuro digno en su nuevo hogar.
Con solo siete dólares en el bolsillo, Laura compró en el Mercadito Chicago lo esencial para preparar frituras —chicharrón, chorizo Timoteo, pechuguitas de pollo y harina— y desde su casa, en Calle 6 y Avenida Justo Arosemena, encendió la llama que daría origen al negocio que se convertiría en el sustento de toda su familia.
Hoy, Fonda Laura es mucho más que un restaurante popular, es el reflejo de una historia de lucha familiar que se entrelaza con el espíritu resiliente de Colón. Los diez hijos de Laura forman parte activa del negocio: algunos compran los insumos, otros administran o atienden a los clientes, mientras que dos de sus hijas lideran la cocina, conservando las recetas originales y agregando su propio sazón con respeto a la tradición.
A sus 67 años, Laura ya no madruga como antes, pero sigue siendo el corazón del negocio. Acompaña a sus hijas y nietas —Ericka, Yarisel, Suni, Vaira, Eveth y Suleiny— guiándolas con su experiencia para que cada plato mantenga la autenticidad que ha conquistado a generaciones de comensales.
En cada fritura servida, Fonda Laura honra su historia y la de tantas familias colonenses que han hecho de la cocina un acto de amor, resistencia y unión. No es solo un lugar donde se come bien, es un punto de encuentro donde el sabor de casa se mantiene vivo, y donde el legado de una madre valiente continúa alimentando no solo cuerpos, sino también corazones.